Ven a Galicia - Xacobeo 2010
Abadía de Samos
 
 
 
 
Camino de Santiago

Los peregrinos que abandonan Triacastela por el Camino Sur, lo tendrán que hacer por buena carretera, encontrando muy pronto los límites de los municipios. Ya entrando en el de Samos y siempre dejando a su mano derecha la profunda cañada, prodigio de umbrosidad que forma un inmenso filtro verde que contrasta con la brecha tajada en la piedra pizarrosa que cuelga sobre el peregrino y cuanto pasa por esa bien cuidada carretera durante un tramo en el cual se llega a temer por la integridad física. También es ese tramo podrá ver, a su derecha un camino que sale y pronto remonta la carretera. Se trata de una de las pocas muestras que llegaron a nuestros dias del Camino Real que sirvió de comunicación por esas riberas del río Sarria, como ya se le denominaba en documentos fechados el 13 de Julio del 853, con motivo de una donación del rey Ordoño I, al abad-obispo Fentalis, del monasterio de Sámosos, situado junto al río Sarria.

El peregrino pasará el puente de Almiron, dejando el río a su derecha y ganada una pequeña pendiente se encontrara con San Cristobo do Real, con una iglesia parroquial, incrustada en medio de la población, a la cual las múltiples reformas y adosamientos no le hicieron gran favor arquitectónico. Destaca su retablo principal barroco, del siglo XVII.

Se atraviesa el poblado a través de un doméstico puente lo que motiva que de nuevo el fluvial pase a la mano izquierda del viajero, quién tendrá que subir a la parte alta del poblado. Las características de tejados de pizarra y paredes de mampostería que se ven apiñar y las laderas de las montañas sobre el valle del Real a ser lo más singular de una ruta, que puede considerarse de las más bellas que el peregrino encuentra en Galicia. Más separado del río, buscando la ladera de la montaña y salvando las tierras húmedas de labradio, se van pasando preciosas aldeas agrupadas alrededor de su iglesia y la frondosa vegetación va formando la sombra que en los veranos agradece el peregrino que pasa por las zonas de Lastre, Feituxe para entrar en la cabecera parroquial, Santiago de Renche, e gran significado que en ese valle Real se encuentre la advocación al apóstol, algo que siempre anima al que camina en busca de los restos del apóstol en la catedral compostelana, pero mucho más al conocer que a la iglesia de santiago de Renche, que tiene como patrón a un Santiago peregrino, fue donada al monasterio de Samos por el Papa Paulo III, el 2 de abril de 1538, para que los monjes acudiesen con el “sustento ordinario y vino a los peregrinos que pasaban en romería a visitar el cuerpo del apóstol”.

También el peregrino puede ver por estos parajes las achatadas edificaciones de viejos molinos con sus tradicionales prensas a nivel máximo de las desviadas aguas del Sarria, al no ser ya habitual el rodar de las piedras-muelas que antaño procedían a la maturación del grano.

Sigue el Camino Francés el desfiladero, desde el cual todavía es posible divisar en algún tramo la vieja casona de los Vázquez Queipo, dentro de la parroquia de San Cristobo do Real.

Después de bajar al nivel del río, pasar una vieja calzada con paso para los peregrinos de lajas de piedra que salvan las aguas del invierno que invaden los caminos, llega el peregrino a la confluencia de la unión del río Sarria con el Ferrerías que baja de las alturas de o Serón.

Vuelve el río a la mano derecha del caminante y este, bajo frondosa vegetación llega a San Martiño, con iglesia artesanal de reminiscencias románicas, de la cual destaca los canecillos, una pia y el singular arco del triunfo.

Después de seguir un tramo de camino atrincherado y pasar debajo de la carretera Samos-Triacastela, el peregrino, seguirá metido entre montañas pero con un horizonte más amplio. Pronto el viajero se verá sorprendido ya que después del modernismo del colegio, pasando Vila de Tres totalmente desapercibido, se encontrará con la gran mole del convento benedictino cuya superficie alguien dijo que ocupaba muy cerca de la hectárea. También aquí, a muy corta distancia del ciprés y capilla mozárabe que cantó ramón Cabanillas, sobre el asentamiento monacal, dijo el ilustre Benito Jerónimo Feijoo, quien ingresó en el convento de Samos a los 14 años, “Tan recogido, tan estrecho, tan espultado está este monasterio entre cuatro elevados montes que por todas partes no solo le cierran, más le oprimen que solo es visto de las estrellas cuando las logra verticales.

Es el cenobio samonense un o de los más antiguos, mejor cuidados y más ilustre de Galicia y su disposición en tan grande estrechamiento, también movió al Padre Feijoo a escribir, “La disposición del paraje retrata la religión de sus moradores, la retrata y aún la influye, por que cerrado por todas partes el horizonte, faltan objectos donde se disipe el espíritu. Solo hacia el cielo”.

Es verdaderamente la sorpresa que se lleva el viajero, pero mucho más asombra al peregrino que viene en busca de un cenobio construído entre los siglos VII-VIII. No se da crédito a la visión que ofrece y menos al ver como los montes de El Carballal y la Modorra, amenazan con irse encima.

Después del descanso, estancia o simple visita, y sin darse prácticamente cuenta el peregrino si bajó a Samos por la carretera o por el frontal, otra alternativa más de las que ofrece el Camino de Santiago dentro del término municipal de Samos, ya piensa en la despedida, que actualmente se hace por carretera, pero en sus tiempos se hizo por la salida que roza el complejo donde se asienta el ciprés y la capilla de el Salvador por Lamas a Montaá. Incluso hubo Camino de Santiago por la calle de la Torre. Ahora se sigue hasta A Veiga para entrar en ese sendero con el que Samos homenajea al peregrino, llevándolo con toda protección hasta Teiguín y pronto seguirá este sendero del peregrino hasta la zona de O Bao, si este no quiere optar antes por seguir hacia la parroquia de Pascais.

Los amantes de la carretera, actualmente ciclistas, colegiales y algunas personas mayores, especialmente predomina el género femenino, se les presenta como peregrinación más segura la de la carretera, cuando menos al mediar dotaciones de apoyo.
municipio samonense, cambios climáticos monumentalidad y el propio monasterio benedictino, nunca permitió un solo Camino físico, sin predominio de rutas en determinadas épocas y debido a concretas circunstancias. Piensese que los grandes cambios monacales fueron la mayor parte de posteriores al nacimiento del fenómeno jacobeo.

A nadie por tanto debe de extrañarle que todos los Caminos, de los pocos que permite su orografía, que del naciente se dirijan al poniente por el término municipal de Samos, bien por la montaña el Valle del Real, se consideran Camino de Santiago. En Samos, al igual que en los restantes municipios, desde Pedradita a Santiago, por los que trancurre el camino Francés en Galicia, disponen de su zona de protección.