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El camino Francés
Los
peregrinos que abandonan Triacastela por el Camino Sur, lo tendrán
que hacer por buena carretera, encontrando muy pronto los límites
de los municipios. Ya entrando en el de Samos y siempre dejando
a su mano derecha la profunda cañada, prodigio de umbrosidad
que forma un inmenso filtro verde que contrasta con la brecha
tajada en la piedra pizarrosa que cuelga sobre el peregrino
y cuanto pasa por esa bien cuidada carretera durante un tramo
en el cual se llega a temer por la integridad física. También
es ese tramo podrá ver, a su derecha un camino que sale y pronto
remonta la carretera. Se trata de una de las pocas muestras
que llegaron a nuestros dias del Camino Real que sirvió de comunicación
por esas riberas del río Sarria, como ya se le denominaba en
documentos fechados el 13 de Julio del 853, con motivo de una
donación del rey Ordoño I, al abad-obispo Fentalis, del monasterio
de Sámosos, situado junto al río Sarria.
El peregrino pasará el puente de Almiron, dejando el río a su derecha y ganada una pequeña pendiente se encontrara con San Cristobo do
Real, con una iglesia parroquial, incrustada en medio de la población, a la cual las múltiples reformas y adosamientos no le hicieron
gran favor arquitectónico. Destaca su retablo principal barroco, del siglo XVII.
Se
atraviesa el poblado a través de un doméstico puente lo que
motiva que de nuevo el fluvial pase a la mano izquierda del
viajero, quién tendrá que subir a la parte alta del poblado.
Las características de tejados de pizarra y paredes de mampostería
que se ven apiñar y las laderas de las montañas sobre el valle
del Real a ser lo más singular de una ruta, que puede considerarse
de las más bellas que el peregrino encuentra en Galicia. Más
separado del río, buscando la ladera de la montaña y salvando
las tierras húmedas de labradio, se van pasando preciosas aldeas
agrupadas alrededor de su iglesia y la frondosa vegetación va
formando la sombra que en los veranos agradece el peregrino
que pasa por las zonas de Lastre, Feituxe para entrar en la
cabecera parroquial, Santiago de Renche, e gran significado
que en ese valle Real se encuentre la advocación al apóstol,
algo que siempre anima al que camina en busca de los restos
del apóstol en la catedral compostelana, pero mucho más al conocer
que a la iglesia de santiago de Renche, que tiene como patrón
a un Santiago peregrino, fue donada al monasterio de Samos por
el Papa Paulo III, el 2 de abril de 1538, para que los monjes
acudiesen con el “sustento ordinario y vino a los peregrinos
que pasaban en romería a visitar el cuerpo del apóstol”.
También el peregrino puede ver por estos parajes las achatadas edificaciones de viejos molinos con sus tradicionales prensas a nivel
máximo de las desviadas aguas del Sarria, al no ser ya habitual el rodar de las piedras-muelas que antaño procedían a la maturación del
grano.
Sigue el Camino Francés el desfiladero, desde el cual todavía es posible divisar en algún tramo la vieja casona de los Vázquez Queipo,
dentro de la parroquia de San Cristobo do Real.
Después de bajar al nivel del río, pasar una vieja calzada con paso para los peregrinos de lajas de piedra que salvan las aguas del
invierno que invaden los caminos, llega el peregrino a la confluencia de la unión del río Sarria con el Ferrerías que baja de las
alturas de o Serón.
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