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Vuelve el río a la mano derecha del caminante y este, bajo frondosa vegetación llega a San Martiño, con iglesia artesanal de
reminiscencias románicas, de la cual destaca los canecillos, una pia y el singular arco del triunfo.
Después
de seguir un tramo de camino atrincherado y pasar debajo de
la carretera Samos-Triacastela, el peregrino, seguirá metido
entre montañas pero con un horizonte más amplio. Pronto el viajero
se verá sorprendido ya que después del modernismo del colegio,
pasando Vila de Tres totalmente desapercibido, se encontrará
con la gran mole del convento benedictino cuya superficie alguien
dijo que ocupaba muy cerca de la hectárea. También aquí, a muy
corta distancia del ciprés y capilla mozárabe que cantó ramón
Cabanillas, sobre el asentamiento monacal, dijo el ilustre Benito
Jerónimo Feijoo, quien ingresó en el convento de Samos a los
14 años, “Tan recogido, tan estrecho, tan espultado está este
monasterio entre cuatro elevados montes que por todas partes
no solo le cierran, más le oprimen que solo es visto de las
estrellas cuando las logra verticales.
Es el cenobio samonense un o de los más antiguos, mejor cuidados y más ilustre de Galicia y su disposición en tan grande estrechamiento,
también movió al Padre Feijoo a escribir, “La disposición del paraje retrata la religión de sus moradores, la retrata y aún la influye,
por que cerrado por todas partes el horizonte, faltan objectos donde se disipe el espíritu. Solo hacia el cielo”.
Es verdaderamente la sorpresa que se lleva el viajero, pero mucho más asombra al peregrino que viene en busca de un cenobio construído
entre los siglos VII-VIII. No se da crédito a la visión que ofrece y menos al ver como los montes de El Carballal y la Modorra, amenazan
con irse encima.
Después del descanso, estancia o simple visita, y sin darse prácticamente cuenta el peregrino si bajó a Samos por la carretera o por el
frontal, otra alternativa más de las que ofrece el Camino de Santiago dentro del término municipal de Samos, ya piensa en la despedida,
que actualmente se hace por carretera, pero en sus tiempos se hizo por la salida que roza el complejo donde se asienta el ciprés y la
capilla de el Salvador por Lamas a Montaá. Incluso hubo Camino de Santiago por la calle de la Torre. Ahora se sigue hasta A Veiga para
entrar en ese sendero con el que Samos homenajea al peregrino, llevándolo con toda protección hasta Teiguín y pronto seguirá este sendero
del peregrino hasta la zona de O Bao, si este no quiere optar antes por seguir hacia la parroquia de Pascais.
Los amantes de la carretera, actualmente ciclistas, colegiales y algunas personas mayores, especialmente predomina el género femenino,
se les presenta como peregrinación más segura la de la carretera, cuando menos al mediar dotaciones de apoyo.
Como
conclusión, la configuración del municipio samonense, cambios
climáticos monumentalidad y el propio monasterio benedictino,
nunca permitió un solo Camino físico, sin predominio de rutas
en determinadas épocas y debido a concretas circunstancias.
Piensese que los grandes cambios monacales fueron la mayor parte
de posteriores al nacimiento del fenómeno jacobeo.
A nadie por tanto debe de extrañarle que todos los Caminos, de los pocos que permite su orografía, que del naciente se dirijan al
poniente por el término municipal de Samos, bien por la montaña el Valle del Real, se consideran Camino de Santiago. En Samos, al igual
que en los restantes municipios, desde Pedradita a Santiago, por los que trancurre el camino Francés en Galicia, disponen de su zona
de protección.
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