Ven a Galicia - Xacobeo 2010
Abadía de Samos
 
 
 
 
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¿Cuál es el significado, a fecha de hoy, de la fiesta de San Julián y Santa Basilisa, desde las perspectivas tanto monástica como del pueblo de Samos?

En primer lugar debemos hacer un poco de historia:

Desde el siglo VIII los titulares de este monasterio, son dos mártires egipcios, San Julián y Santa Basilisa; lo que constituye por un lado un honor y por otro lado, un modelo a seguir para nosotros, ya que ambos fueron monjes.

A finales del siglo III y principios del siglo IV, surge en Egipto la vida monástica y el interés de estos Santos por la vida de entrega total a Cristo, nació posiblemente al conocer testimonios de ermitaños y vírgenes, que ellos quieren imitar.

Hay que tener en cuenta que la pertenencia de ambos a la nobleza hizo que sus familias, por asuntos políticos y económicos, decidieran casarlos a ambos. Nadie sabía que Dios ya les tenía reservado una misión más alta. Ellos supieron compaginar la vida de consagración a Dios, con la obediencia a sus padres, y tras la muerte de estos, roto el motivo de su unión, decidieron seguir su consagración monástica. Julián se retira al desierto donde primero tiene vida de ermitaño y posteriormente le rodea una comunidad de discípulos que desean vivir bajo sus enseñanzas la vida monástica. Basilisa, por su parte, vivirá la vida monástica junto con otras vírgenes, en oración y atendiendo huérfanos, viudas y toda clase de necesitados.

Pero tras unos años de paz vino la persecución, y los emperadores romanos volvieron a decretar la muerte para los cristianos, y mientras Santa Basilisa muere antes de dicha persecución, San Julián va a ser arrestado junto con sus compañeros, juzgado y martirizado. En ellos se conjugan las dos formas del martirio: la de la entrega total a Jesús cayada desde el claustro monástico que hizo Basilisa (martirio blanco) y la donación a Jesús hasta las últimas consecuencias en la persecución, juicio y martirio que le toco padecer a San Julián (martirio rojo).

Para nosotros cristianos del siglo XXI y para todas las personas, estos hermanos, estos mártires nos legaron su vida como testimonio de seguimiento a Cristo hasta las últimas consecuencias, lo que nos lleva a nosotros a tenerlos como animadores, protectores y modelos a imitar y seguir.

A lo mejor no nos toca llegar al martirio sangriento, pero lo que Jesús nos pide a los cristianos, especialmente a los consagrados, es un martirio diario de renuncia a cosas que no son esenciales, e incluso a cosas que son legítimas, como el hecho de formar una familia, o de alcanzar puestos de importancia en la sociedad, o tener posesiones, etc…; principalmente nos pide un seguimiento incondicional a su persona, que nos muestra en su vida: “haced la voluntad del Padre”.

En el caso de los monjes benedictinos es una renuncia total a todo siguiendo los preceptos de la Regla de San Benito mediante la oración, el trabajo y la vida comunitaria.

Para los seglares, tenemos un testimonio de dos personas que quisieron seguir a Jesús. En aquellos tiempos no estaba bien visto por el pueblo ser cristiano y a las familias no les agradaba que sus hijos siguieran las enseñanzas de Jesús, porque eran rechazados por la sociedad e incluso perseguidos. En el caso de San Julián y santa Basilisa, por obediencia van a posponer su vocación para satisfacer a sus padres, para más tarde llevar ese germen vocacional a su fruto último, viviendo el matrimonio consagrado a Dios; siguiendo cada uno su camino y formando de esta manera, dos comunidades de religiosos.

Para la familia cristiana del siglo XXI tenemos el ejemplo del diálogo, el respeto, la búsqueda del bien común y del bien del otro, que se deben mutuamente los esposos.
Ese diálogo y esa búsqueda del Bien tiene que también darse entre los padres y los hijos, fomentando desde el Amor hacer la voluntad de Dios.

La familia es semillero de nuevas familias, de vocaciones a los diferentes estados de la vida cristiana. Es también testimonio y ejemplo para las generaciones precedentes.

En la actualidad los cristianos debemos ser testigos de Cristo desde nuestra propia vocación, en nuestro entorno y contexto. Hay hermanos nuestros que están siendo hoy perseguidos y martirizados en muchos lugares del mundo, por ser testigos de Cristo. Debemos dar la talla, no tener miedo a nada, ni avergonzarnos de nada, nuestro Dios es Amor y Salvación para todos los hombres, quién puede dar más.

Padre José Luis, Prior de la Real Abadía de Samos